sábado, 15 de julio de 2017

Roberto Bolaño

Hace 14 años se apagaba la vida de unos de los mejores escritores 
que ha dado la literatura latinoamericana en el siglo XX, Roberto Bolaño.
Vivió la mitad de su vida en España y recorrió sus ciudades sin apenas llamar la atención. Como a tantos otros grandes maestros de las letras, el éxito sin cuestionamientos 
le llegó después de la muerte.
A modo de sencillo homenaje compartiremos la lectura del primer capítulo de 
una de sus novelas más famosas, "Los detectives salvajes", en la voz del escritor J.D. Martín.








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martes, 4 de julio de 2017

Firmas


     La primera firma de mi vida se pierde en la memoria de la infancia. Cuando no sabía hacerla dibujaba cuatro monigotes: una nena, un perro, una casa y un sol. Era mi manera de firmar las cartas kilométricas que mi madre escribía a mi abuelo. La escenificación de un “Yo estuve aquí” que repetí en algún pupitre escolar y en las poesías que escribía en aquella época. Con grandes círculos y tachones o pequeñita con subrayado titubeante, dependiendo del ánimo de ese día.
     Luego vendría el graduado y el primer contrato de trabajo. Los papeles van cambiando de tamaño e importancia con el correr de los años, el trazo se vuelve seguro y cuando menos lo esperas estás firmando delante de una jueza mientras la familia aplaude, tu madre llora y tu flamante marido te da un beso en la boca con más nervios que arte.
     Haces planes, desordenas sábanas y discutes por tonterías. Exiges a tu compañero de aventuras la devoción y equilibrio de un monje tibetano y después de deshojar media docena de calendarios ya has firmado una libreta de familia. Tiemblan las convicciones y tu otrora palacio es una habitación pequeña de la que dos rinocerontes intentan escapar derribando las paredes. Las promesas que has hecho por escrito se convierten en papel mojado, de lágrimas básicamente. Toca mirar hacia donde no quieres, asumir que el acuerdo ha terminado y repartir lo más preciado, el tiempo de tus hijos.
     Nunca olvidaré ese día tan importante. Juro que al firmar el final pude oler las flores del principio, pero esta vez no había aplausos ni familia cerca. Salí del juzgado y caminé sola hasta la estación. Los primeros pasos del camino que me llevaría de vuelta hacia mi esencia.
     Si me hubiesen explicado que tardaría unos años, pero conseguiría hacer las paces con los demonios de fuera y de dentro; que bajaría hasta lo más profundo y allí encontraría el amor propio que había perdido; que dejaría de cuestionar a los espejos y escucharía en cambio las historias de vida de los que me rodeaban habría preguntado sin dudar.


—¿Dónde hay que firmar?
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domingo, 18 de junio de 2017

Aire

La brisa le desordenó el flequillo y le recordó aquella tarde de su infancia. Su abuelo le había explicado la mejor historia de su vida mientras le secaba con su pañuelo de tela los lagrimones. La niñez de los diferentes es bastante complicada.
—El aire es el mismo desde el principio de los tiempos, no se renueva. Cada ser que ha vivido en este mundo lo ha respirado dejando una parte de su esencia en él —había dicho con esas maneras de hippie que ella adoraba—. Si respiras te conectas con los animales, los niños y los escritores de todos los cuentos que se han escrito. La soledad no existe, mi cielo.
Miró hacia atrás para comprobar que el resto de sus acompañantes había llegado al mirador. ¡Qué bien conjuntaban los ojos brillosos con las sonrisas! La tristeza puede regalarnos abrazos inolvidables como el que dio a la urna antes de abrirla. Su madre asintió en silencio y ella ofreció lo que quedaba de su abuelo al viento.

Como si dos grandes amigos se vieran nuevamente las cenizas bailaron un momento hasta fundirse en la nada. Otro habitante del aire desterrando soledades.


Este relato fue escrito para participar en el concurso #palabrasalviento de zendalibros.com

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miércoles, 7 de junio de 2017

Ayer hice un trío


Ayer tocaba médico en el Hospital de Calella. Otra vez al sótano de siempre a detener el tiempo. Como conozco de memoria la rutina me llevé "El último abecedario" de Gonzalo Jeréz @elselenita que me había robado toda la tarde anterior y la mitad de la noche. Necesitaba un lugar donde sentirme a salvo de lo que me esperaba. La ciudad convulsa, caótica y vista desde el caleidoscopio de personajes que plantea Gonzalo era perfecta.
Continué el vuelo sobre las páginas y llegué a la letra S (cada letra es un personaje y juro que odias que sólo haya veintisiete). Una abuela buscaba sentido al pasado mientras cuidaba de su nieto y padecía por la suerte de sus hijos. Y allí, en ese sentimiento que conozco de sobra sucedió el milagro de la buena literatura. Ese momento en que conecta contigo y te abraza, te consuela o te despierta, según te haga falta. El Selenita aporreaba sus teclas y conectaba con una madre preocupada en la sala de espera de otro hospital, el San Jaime en este caso. Un par de lagrimones talla extra grande decoraron las páginas del libro, porque el puñetero Gonzalo ha puesto el alma en sus historias y eso se nota.
Me limpié los ojos y entré al consultorio al escuchar mi nombre. Allí estaba uno de mis médicos favoritos, Alejandro López, el que me operó en 2015, el que confirmó que la endometriosis había campado a sus anchas en mí. No habíamos vuelto a coincidir en este tiempo. Le conté que había sido parte de uno de mis relatos y le gustó la idea. Siempre ha sido uno de esos médicos que te reconcilian con la profesión. Se tomó media hora para teclear un informe que justificara la derivación al hospital de máxima complejidad de Cataluña. Y en ese teclear me fue explicando lo complicada que había sido la cirugía, lo comprometidos que estaban los órganos (ovarios, trompas, útero e intestinos) y la probabilidad que el cuadro se hubiera repetido en este tiempo porque mi cuerpo no respondía a los tratamientos. Me lo iba diciendo despacio, mirándome a los ojos, como deberían decirse siempre las cosas importantes que afectan tu futuro. Porque en esos momentos uno viene a ser como un niño pequeño con un casco de plástico y una lanza de palo de escoba defendiéndose de un tsunami.
Le agradecí su calidez y sinceridad, no son las normales por desgracia.
Salí del consultorio con una pila de papeles para tramitar la derivación en el mostrador del primer piso pero las escaleras se me hicieron eternas. Elegí un rincón a mitad de camino, saqué el móvil y volví a leer un par de capítulos del "Diario de un escritor quejica" de Blas Ruiz Grau @BlasRuizGrau para darme ánimos y de paso el mail que me escribió. Porque es tan rematadamente buen tipo que contesta los mails estando de vacaciones.

"Sea como sea seguimos aquí, vivos, dispuestos a dar guerra."

Respiré hondo, metí el móvil y el libro en la mochila como quien mira de reojo para comprobar que los compañeros de trinchera sigan contigo y continué el periplo. Mi incombustible sonrisa volvía a estar presente.
Vale la pena seguir la batalla porque en algún lugar hay pirados entrañables, como estos dos, escribiendo libros que quiero leer.
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