domingo, 22 de diciembre de 2013

Deseo Concedido



El murmullo que venía desde la cocina lo despertó. El dolor de estómago con el que se había acostado lo estaba esperando intacto cuando se movió. ¿Habrían escuchado su pedido? Se frotó los ojos y apoyó los pies en el suelo. Frío. Las estufas ese invierno eran un adorno más de la casa porque no había dinero para encenderlas. Eso había dicho su madre mientras le ponía otra manta en su camita. Esta tenía que ser la mañana más bonita del año, pero él tenía miedo. Miedo de no haberlo conseguido. Miedo de no poder cambiar la tristeza que tenía presa a la sonrisa de su padre. Caminó despacio con el corazón repicando en el cuello. El olor a chocolate caliente le despertó la nariz. Lo había traído la abuela ayer. Él había escuchado como le decía a su madre
-Vamos, no llores, ya verás como las cosas se solucionan. Venga que no te vea así.
La cabeza de su madre perdida dentro de los brazos, parecía la de una niña más pequeña que él.
Repasó mentalmente, durante el trayecto por el pasillo, las buenas acciones que había hecho. Se había duchado sin protestar, le había dejado los juguetes a su hermanito aunque  los rompiese, le había dado besos a su tía Emilia aunque pinchase y ni una sola vez había molestado a su padre cuando miraba sin mirar la tele en el sofá. Se lo merecía.
Al pasar por la cocina escuchó el grito ahogado de su madre. Los vio. Su padre sonreía y la abrazaba. Los dos daban saltos de alegría.
-Se lo confirmó el encargado anoche pero como era tarde mi primo esperó hasta ahora para avisarme ¡Comienzo el lunes a las 7!
El estómago desató su nudo, y sus manitos aplaudían nerviosas. La sonrisa le llegó hasta los lóbulos de las orejas y caminó triunfal hasta el comedor para sentarse a la mesa y revolver el tazón de chocolate. Su madre, que no lo había visto aún, apareció con su hermanito en brazos.
-Juan, mi cielo, buenos días ¿Es que no vas a ver lo que te dejaron los Reyes?
 Juan negó sonriendo con el bigote marrón. Él ya tenía exactamente lo que había pedido.


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1 comentario:

  1. No sale mi comentario... En fin, a ver si ahora sale. Decía que me encanta la sensibilidad de tus historias, tiernas pero sin atisbo de ñoñería... o algo parecido :) Un abrazo.

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