domingo, 15 de diciembre de 2013

Rito


Como cada diciembre acudió a la cita. Eligió una mañana soleada en que el viento dibujaba en el mar pequeñas olas. Le gustaba escuchar el arrullo del agua. El azul turquesa del Mediterráneo que no dejaba de fascinarla.
Como las otras nueve veces anteriores se quitó los zapatos acomodando los calcetines prolijamente dentro, y se acercó a la orilla. La brisa jugó con su pelo y enfrió la punta de su nariz. Tomó aire, cerró los ojos y entró en el agua. Lo justo para que le cubriese los pies.
Abrió los brazos en toda su longitud y lo sintió. La memoria abriendo telón. El agua que todo lo conecta. El Mediterráneo uniéndose con el Atlántico y el océano acariciando su tierra. Al sur, muy al sur. Volvió. Desanduvo  miles de kilómetros y regresó por un momento al verano familiar de diciembre. A la mesa navideña preparada en el patio, a los farolillos de papel que encendidos vuelan al cielo, a su madre maquillándose delante del espejo, a la casa inundada de olores exquisitos, a las ausencias tan presentes esa noche, a las raíces, al hogar de antaño.
- Mamá.
Esa voz la devolvió al presente. Se giró con una sonrisa humedecida. Corrió a abrazarlo. Su catalán favorito. Le cogió esas manos diminutas y dando vueltas lo hizo volar.  Acabaron en la arena ,  bañados de sol y risas. Era feliz, mucho más de lo que alguna vez hubiese imaginado.

Es que para conocer a algunas personas vale la pena cruzar medio mundo.

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1 comentario:

  1. Y lloré, y moqueé, y seguí moqueando... y luego supe del Hado Desdentado y comprendí aquel sermón sobre la maternidad desde una luna de distancia y me reí, y disfruté y... creí adoptados bajo mi árbol no tardando en darme cuenta de que era yo vuestra inquilina!! Abrazucu apretadín desde Villa de Rayuela!!

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