domingo, 26 de enero de 2014

Discapacidad



Subieron en la parada de Plaza Francia. Un joven de poco más de veinte en silla de ruedas y una chica que rondaba los diecisiete. El chofer del autobús les pidió que esperase a que bajara la rampa, a lo que ella le contestó entre risas que podía subir la silla sin problemas, que si el mecanismo se atascaba iba a ser peor. Apoyó el peso de su cuerpo sobre las empuñaduras y subió las ruedas delanteras, levantó los codos con destreza y prueba superada. El joven la miró sonriendo . Ella colocó la silla en el respaldo solitario del autobús y comenzó a asegurarlo. Le costó encontrar la otra mitad del cinturón que estaba enganchada y resopló cuando acabó la faena. Le acomodó la chaqueta torcida y sacando un pañuelo de su bolso, le secó la saliva que amenazaba con desbordar la comisura de sus labios.
Era bella, tanto que hizo girar todas las cabezas, incluyendo la mía. Una Remedios Buendía encarnada del otro lado del Atlántico. Tenía una belleza sin discusión posible, sin vanidad, sin maquillaje. De la raza de mujeres que reinan en las fantasías y las pesadillas de los hombres.
Él tenía una mirada serena, un rostro común que ocultaba la descomunal batalla diaria. Apenas movía los brazos y su manera de vocalizar exigía mucha atención para entenderle. Ella se puso de rodillas a su lado. Le acariciaba la cara, le acomodaba el flequillo y le pellizcaba la nariz  cariñosamente mientras hablaban. El trato entre ambos era tan agradable que había que esforzarse para no incomodarlos con la mirada.
Los observaba de reojo mientras el sol de la tarde y su ternura hacían más hermoso el paisaje urbano. Guardaron silencio unos segundos, mirándose profundamente y se besaron. Un beso suave, largo y húmedo.
Me bajé del autobús con la certeza de mi estúpida ignorancia.


Esta historia es verídica, fui testigo de ella en un autobús de Mataró. 
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14 comentarios:

  1. ¡Menuda lección nos das con este relato Lunática! Afirmamos que tenemos la mente abierta, que estamos libres de prejuicios... y un buen día, una situación manejada con la mayor naturalidad hace que nos preguntemos sobre un montón de bases y valores que hasta entonces no nos planteaban ninguna duda. Genial. Me ha gustado mucho!! Abrazucu apretadín desde Villa de Rayuela!!

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    1. Los prejuicios suelen habitar la parte más profunda de nosotros mismos. Y hacen acto de presencia donde menos lo esperamos. Que mis historias destapen un poco de esa sombra, es un halago gigante. Abrazo confianzudo y lunático, hechicera asturiana

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  2. El tema conmueve y nos moviliza. Gracias!!!!!!!!!!!!

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    1. Gracias a ti, Tomás, por pasarte por mi Luna y reflexionar conmigo. Abrazo confianzudo, de los que se reparten en este satélite.

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  3. Vaya historia. La verdad es que no se puede por menos que admirar a este chavalito y su forma de ver -y vivir- el mundo. Como dice la Maga, toda una lección. Me encantó! Un abrazo. :)

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    1. Cuando iba en el bus,observando a esta hermosa pareja, recordé la historia de Albert Casals y sus viajes por el mundo. En una entrevista, el periodista preguntó a sus padres cómo habían hecho para dejarlo partir, con poco más de 14 años y 20e en el bolsillo, a recorrer los mares. Y su madre sonriendo respondió "Has hablado con él ¿crees que sería lógico detenerlo?" Desafío grande el de no "detener" a nuestros hijos.
      Abrazo lleno de cariño, compi de caldero.

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  4. Conmovedor y contado como es habitual en ti, Lorena con elegancia y naturalidad. Esa naturalidad que deberíamos tener todos al tratar estos temas en que parecen que aun sin poder evitarlo nos acosan los prejuicios. Saludos.

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    1. Lo más difícil es renunciar a la distancia que creemos nos separa de esta realidad. Mi querido Esteban, me lees con buenos ojos ;) Un abrazo lleno de alegría; es hermoso ver a los amigos en casa.

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  5. Como Esteban, diría que lo mejor es la naturalidad en este relato. Las cosas serán mejor cuando a nadie le llame la atención algo así. Un abrazo.

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    1. Es divertido ver que estamos de acuerdo en tantas cosas. Abrazo confianzudo, Bartolomé.

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  6. La infinitud del amor, ¿no es eso? Porque en el fondo de este relato hay gran dureza, algo que engrandece esas naturalezas humanas, esa chica, ese chico, expresados en una imagen, en unos actos tan cotidianos y tan llamativos como quizá ese beso. ¿No es ese beso más grande que otros de adiestrada normalidad? Quizá por eso, todo el autobús observe consternado.
    Qué gran reflexión, amiga.
    Un fuerte abrazo.

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    1. Me gustan esos besos diferentes, cargados de sentido. Suelo pensar que allí se cobija el amor, hasta que pase el temporal de la frivolidad. Gracias por tu visita, tan personal y cercana. Que se repita, por favor. Un abrazo con mucho cariño, de los que salen sin buscarlos.

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  7. Bonito relato cargado de cotidiana realidad.

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    1. La cotidianeidad esconde miles de historias. Gracias por tu visita, Pepe. Un abrazo confianzudo y lunático

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