domingo, 19 de enero de 2014

Espera necesaria



El olor a vainilla provoca suspiros y exclamaciones de júbilo. Revuelvo la leche en el cazo, sonriendo, mientras en el sofá ellos juegan a la guerra de cosquillas.
Ana es la primera en caer al suelo. Eloy presenta batalla, como de costumbre, y consigue con habilidad que Ezequiel acabe haciendo compañía a la hermana. El más pequeño exhibe los bíceps cual Popeye y luego se tira sobre ellos, triunfal, reclamando el abrazo. Pijamas, pelos revueltos, lágrimas de risa... Afuera llueve y el domingo se despereza.
El vapor en los azulejos condensa una gota que rueda solitaria hacia la encimera. Las natillas van tomando cuerpo, como los recuerdos. Más de catorce años han pasado desde que la maternidad llegó a mi vida ¿Tantos?
 Sí, tantos. Cuando nos divertimos, el hueco del reloj de arena es más grande.
Fue un día de otoño. Después de una noche sin dormir, acomodando paquetes de tres tallas de pañales y tratando de descifrar instrucciones de una cuna plegable, cerré la puerta de casa sabiendo que nunca volvería a ser la misma.Ni la casa, ni la vida, ni yo. Se había acabado la espera. Dos años y medio, una docena de test de embarazo, las insoportables miradas compasivas y las preguntas sin respuesta. Todo eso perdió importancia ante la imagen de ese bebé de ocho meses que dormía en brazos de la trabajadora social.
—Se llama Ezequiel —dijo la mujer mirándome a los ojos.
Mejillas rosadas, orejas de duende y chupete verde. El ser más bello que había visto en mi vida. Cuando me lo entregaron, tuve que sentarme para sentir unas rodillas que habían desaparecido. Él abrió los ojos, me observó y volvió a dormirse.
El equipo de Adopciones me explicó el tipo de leche que estaba tomando y las medidas correctas en el biberón. No entendí una palabra, pero no pedí que me lo repitiesen por miedo a que se arrepintieran. A quién se le ocurriría dar un bebé a una mujer que no sabía preparar un biberón. Mi recién estrenado retoño bebió durante un par de días una mezcla espesa, casi tanto como las natillas que caían ahora fundiéndose con el caramelo.
Lloraba las noches enteras y su padre llegó a componer una versión rockera del arrorró que cantábamos entre risas y bostezos. Se le perdonaba la sesión trasnoche, porque al amanecer su sonrisa era el mejor corrector de ojeras.
En el comedor, la guerra de cosquillas ha dado paso al Paris-Dakar sobre los muebles. Testigo privilegiado, grabo las imágenes de un tiempo que tiene fecha de caducidad cercana, y tal vez por ello es más hermoso. Lo observo haciendo el ruido de los motores y el relato de la carrera que disputan sus hermanos. No sé de quién ha heredado la forma de las cejas o el lunar de su mejilla izquierda, pero reconozco la manera de reír y el sentido del humor.
Si el tiempo circular fuese verdad, si en algún punto existiese ahora mismo esa Lorena que se abraza las tripas, llorando ante una mancha de sangre, le susurraría al oído
— Espera. Ten paciencia. Tu hijo existe y está venciendo la adversidad. Está formando una fuerza interior de la que aprenderás toda la vida.

Porque hay personas que tardan más tiempo en llegar a casa.


Para Ezequiel, mi hijo.
Y para Karina, la mujer que lo acunó nueve meses en su vientre.

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7 comentarios:

  1. Tras secarme los lagrimones y limpiarme los mocos he conseguido leer este emotivo relato que se merece un abrazo de koala de esos que se dan en la Luna entre guerras de cosquillas y rallys sobre los muebles. En esta ocasión no te daré la enhorabuena a ti si no, a Ezequiel por haber sido capaz de inspirar este relato (ah!! y por tragarse biberones imposibles, jajaja) Abrazucu apretadín desde Villa de Rayuela por correo urgente hacia La Luna!!!

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    1. Mi querida Lucía, si supieras la sonrisa XXL que se le ha quedado a Ezequiel al leer lo de los biberones imposibles, celebrarías tu travesura. No puedo prometer que dejes de llorar en un futuro cercano ;) Abrazo confianzudo y compartido

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  2. Cómo me ha emocionado leer estas letras nacidas por y para Ezequiel. La maternidad deseada es de las mejores cosas del mundo y tú cuentas ese sentimiento de una manera tan tierna, tan limpia, tan ausente de ñoñería. Me encanta, Lorena. Felicidades a ti, por tu escrito y a Ezequiel, por su madre. Un abrazo enorme.

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    1. Mayte, agradezco tu comentario, porque era precisamente ése el miedo que tenía. Al ser algo tan cercano, no podía observar el texto con objetividad. Por suerte tenía un cascarrabias tatuado que me ayudó a corregirlo. Un abrazo con mucho cariño

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  3. Precioso relato. Me ha emocionado. Aquí te dejo otro link de otra historia de madre. Un placer leerte! http://relatosmudos.blogspot.com/2013/03/tengomiedoalasanidadprivada.html

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  4. Qué manera de transmitir las emociones, madre mía. Un precioso homenaje a la maternidad, auténtico, sencillo, duro, en que me ha parecido que las palabras temblaban. O será un efecto óptico.
    Enhorabuena, amiga.

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    1. Y tanto que temblaban, José, como lo hacen las que salen a la luz llevando trozos de dolores viejos. Un abrazo lunático

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