viernes, 28 de febrero de 2014

Ellos y el volcán




Después de una hora y media la paciencia se le había acabado. Golpeó la puerta del baño por quinta vez y ella volvió a pedir que no entrase. Giró la maneta para ser recibido con un estruendo de llanto y balbuceos. Se tapaba con toallas, hecha un ovillo en un rincón.

Ella sólo entendía las cicatrices y la bolsa fétida colgando de su abdomen. Él sólo veía a la guerrera que había ganado una batalla casi infinita. Fue quitando las toallas con más delicadeza que cuando la desnudó por primera vez, hacía ocho años. Tarareaba su canción favorita, desafinada con alevosía para hacerla sonreír. Retiró la bolsa y colocó otra limpia, mientras le susurraba

—A partir de hoy, reclamo el derecho de exclusividad. Sólo yo puedo cuidar el volcán que te ha nacido.

Y así fue desde entonces. Cada dos días ponen inciensos, música de jazz y vino del bueno para celebrar la intimidad que el amor y una ostomía les han regalado.


Esta historia está inspirada en hechos reales 
que me contó uno de los protagonistas 
en la parada de autobús de mi barrio.
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jueves, 27 de febrero de 2014

Madurez





Solía tomarse la vida en dosis concentradas, poniendo el alma entera en cada cosa como si no existiese otro momento que el ahora. Ella no entendía de medias tintas ni matices.
Cuando elegía amar, los dioses del Olimpo envidiaban el manantial de sensaciones que inundaban su mundo. Colores, sonidos y sabores componían una sinfonía perfecta que la elevaba a alturas imposibles.
Pero al acabar la fiesta, la oscuridad reinaba sin concesiones. Su ser al completo evidenciaba la tristeza y sucumbía al llanto incapaz de vislumbrar una salida.

Hoy su rostro ha cambiado, camina serena hacia la farmacia con su diagnóstico recién estrenado: síndrome pre menopáusico

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miércoles, 26 de febrero de 2014

Lo que no tiene precio



Acudo a la cita diaria en el supermercado del pueblo. “Tomate, harina, levadura, espinaca y lo que vine a buscar, o sea lo que ahora mismo no recuerdo ni por asomo”. En la cola de la caja veo a Teresa, una anciana de espalda encorvada por el trabajo indiscriminado y mirada limpia por el orgullo de haberlo hecho.

— ¡Señora Teresa! ¡Cuánto tiempo sin verla! ¿Cómo va la vida?
Ella sonríe porque sabe que mi pregunta es sincera. Hemos pasado tantos ratos hablando las dos. Si quieres entender un país, escucha a sus viejos.
—Bueno…Un poco triste.  Mi hijo se fue ayer, a probar suerte a Alemania—dijo la mujer apretando  la medalla de la virgen, buscando apoyo  para explicar su dolor— Mi nieta…Qué pena, mi alma, no quería soltarme…Tanto esfuerzo…¿Para qué?

La boca le empieza a temblar y no importa ni el lugar ni los testigos. Dejo la canasta de plástico en el suelo y la abrazo. Porque la tristeza no entiende de procedencias y porque me gusta imaginar que alguien abraza a mi madre del otro lado del mar.


Las espinacas se descongelan como el corazón de los que mandan nunca lo hará.


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martes, 25 de febrero de 2014

Último pensamiento




Isidro Valverde maldijo por sexta vez a la recepcionista, al mapa obsoleto y a su genial idea de ofrecerse para abrir mercado en ese país perdido de la mano de Dios.
A su mujer le había parecido un plan inmejorable. Ella se quedó en Buenos Aires haciendo compras y algún “retoque quirúrgico de nada” mientras él , alojado en un cinco estrellas de lujo, recorría los posibles emplazamientos de futuras fábricas.

Con lo que no contaba Valverde era que el GPS es un cacharro inútil en el quinto infierno tropical. Llevaba más de dos horas perdido por los caminos de tierra de una selva inacabable y su vejiga sexagenaria reclamó atención. Se bajó del Jeep y caminó unos pasos para estirar las piernas. El sudor empapaba la cintura del pantalón y dibujaba ríos sobre su torso desnudo. Mientras descargaba orina con chorros entrecortados sintió el pitido de su móvil. ¡Señal! Se apresuró a acabar el trámite urinario y sacando el teléfono del bolsillo caminó en distintas direcciones buscando el santo grial tecnológico con el Iphone en alto. Cuando consiguió las dichosas dos rayas de cobertura soltó un grito de euforia. Ya verían los del hotel, se iban a enterar. Estaba  llamando cuando oyó un ruido a su espalda, como el rodar de una rueda dentada pero en un registro grave. Allí estaban, las bocas de donde procedía el ruido. Maravillas de la naturaleza. Miró a su alrededor, no había sitio dónde huir. Esperó el final con una sonrisa estúpida. 
“Lo único que encontrarán será el móvil, con las fotos que me hizo anoche la prostituta”





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lunes, 24 de febrero de 2014

Punto de no retorno




La brisa erizó su piel, aún húmeda del último vuelo. En soledad era tan difícil controlar la altura. Se distraía fácilmente y terminaba en medio de las tempestades.  Miró los pies lastimados y supo que no había otra opción que intentarlo nuevamente. Ella no había nacido para caminar.  Esta vez su compañero estaba de espaldas al abismo porque decía que de esa forma le daría menos miedo.

— ¿Estás seguro?— le gritó haciendo un tubo con las manos, para que la oyera a pesar de la distancia.
—Jamás lo estaré, cariño—respondió él riendo— ¡Venga, corre!


Ella sintió la hiel amarga del pánico en la boca y echó a correr antes que el ayer le apresara los tobillos. Intentarlo hasta aprender, o morir.

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sábado, 22 de febrero de 2014

"Exorcismo de puño y letra" Cap 5 Final



El camarero tomó el pedido a prisa para no molestarlos. Era tal la química entre los dos que tuvo que carraspear para que notaran su presencia. Hermes había elegido un restaurante pequeño, de los que tienen manteles de tela y espacio entre las mesas. La Casona de Tina. Menú diario con pocas opciones pero excelente calidad. La comida  hecha con mimo por Tina, una mujer que rondaba los 60 y cantaba mientras cocinaba.

miércoles, 19 de febrero de 2014

"Exorcismo de puño y letra" Cap 4




Algo no funcionaba bien. Repitió el conjuro de Manasés pero la oscuridad no cambió a su alrededor. Densa, pegajosa e inamovible, seguía rodeándolo. Podía escuchar a las criaturas acercándose, pero por primera vez en décadas no podía atisbar ni la punta de su propia nariz
— ¿Qué pasaría si los monstruos me atrapan en una pesadilla? ¿Me harían daño en la vida real?—había preguntado al viejo curandero en una de las educativas sesiones de conjuros y aguardiente.
—Para serte sincero, no lo sé. —había contestado el viejo desviando la mirada—Y mejor no averiguarlo, por si acaso.

viernes, 14 de febrero de 2014

"Exorcismo de puño y letra" Cap 3



Las voces de su cabeza estaban bastante tranquilas esa tarde. Solía ocurrir después del paroxismo que dejaba sus oídos pitando durante horas. Cada diez o doce días, las voces gritaban de forma desquiciante, como un estertor rabioso de quien maldice hasta el último segundo de vida. De fondo siempre sonaba una campana ruinosa y fúnebre. Diana tenía los oídos inflamados y doloridos.
“El día menos pensado, de tanto grito voy a quedarme sorda. Loca y sorda” pensó mientras quitaba el polvo a las estanterías de la tienda. Su tía Carmen, la dueña, le había repetido hasta el cansancio que ella no estaba loca, que sólo tenía el don de escuchar las voces del inframundo.

domingo, 9 de febrero de 2014

"Exorcismo de puño y letra" Cap 2



Levantó la vista hacia el ventanuco de la cocina que anunciaba la llegada del nuevo día. Las sombras de la noche retrocedían ante el presagio de luz. Fue hasta la encimera y encendió la hornalla donde reposaba la cafetera. Mientras el agua se calentaba apoyó las manos sobre el mármol frío y bajó los párpados agotado. El amanecer disparaba la edad de su cuerpo hasta el infinito, como si la guerra inacabable de sus pesadillas pasase factura.

jueves, 6 de febrero de 2014

"Exorcismo de puño y letra" Cap 1



Abrió los ojos en pleno grito. Su cuerpo saltó de la cama huyendo de las garras que habían quedado al otro lado. Sintió el golpe seco de los omóplatos contra la pared. Desorientado, intentó enfocar en la oscuridad. Las manos crispadas tantearon partes vitales de su cuerpo, comprobando su permanencia intacta. Sólo la respiración agitada malsonaba en la noche. Algo brillaba frente a sus ojos. Letras. Una frase escrita en alguna de las paredes que completaban el espacio cerrado. Reconoció su caligrafía en el mensaje a sí mismo 
“Tranquilo, ya estás despierto”.
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