domingo, 9 de febrero de 2014

"Exorcismo de puño y letra" Cap 2



Levantó la vista hacia el ventanuco de la cocina que anunciaba la llegada del nuevo día. Las sombras de la noche retrocedían ante el presagio de luz. Fue hasta la encimera y encendió la hornalla donde reposaba la cafetera. Mientras el agua se calentaba apoyó las manos sobre el mármol frío y bajó los párpados agotado. El amanecer disparaba la edad de su cuerpo hasta el infinito, como si la guerra inacabable de sus pesadillas pasase factura.

Había acabado la historia y otro cuaderno cumpliría su propósito. Eran tantos a lo largo de los años. El viejo Manasés estaría orgulloso de él, había seguido sus consejos. Insensato hubiese sido hacer algo distinto. La memoria de aquel tiempo le apuñaló el estómago.

Todo había comenzado el día de la tormenta extraña. Una parafernalia de truenos y relámpagos que alteró los ánimos del pequeño pueblo sin derramar una sola gota de agua. Él volvió a su casa chupando el dedo lastimado en la biblioteca y cada estallido del cielo lo estremecía. Esa fue la primera noche. El primer combate de miles que seguirían a aquel primigenio. Al dormirse se abría el telón de los peores escenarios. 

Un túnel estrecho y oscuro que debía recorrer a tientas. Las paredes húmedas y viscosas donde sus pequeños dedos se enganchaban o sentían el roce de insectos huidizos. Al acabar el túnel recibía la bofetada de aromas putrefactos en la penumbra. Ruidos de roedores a sus espaldas y gritos desgarradores que volaban hacia él obligándole a taparse la cara con los brazos. De la primera pesadilla despertó sin voz. Había pasado una eternidad pidiendo auxilio acurrucado en el final de ese túnel, con la frustración de no emitir sonido en esa otra realidad. Al repetirse el mismo sueño la noche siguiente, y la posterior, y la que vino después de esa, su mente casi infantil comenzó a quebrarse. Buscó todas las maneras posibles para no dormir y descubrió que el dolor era la más efectiva. Se arrancaba trozos de piel de los antebrazos, o se clavaba alfileres debajo de las uñas.  No pronunció una palabra de lo que le ocurría a ningún miembro de la familia. Odiaba confirmar las sospechas que siempre habían tenido sobre él.

Al cabo de un par de semanas, Hermes Acevedo era la viva imagen de la desolación. Los ojos inyectados en sangre, las ojeras violetas, el andar errático y el habla incoherente. Los médicos diagnosticaron un síndrome impronunciable y recetaron anti psicóticos como caramelos.  Con la poca lucidez que le quedaba, él se encargó de vomitar la mayoría de las pastillas para evitar el mundo de horror que le esperaba tras la duermevela.

Cuando sus padres habían perdido las esperanzas de una mejoría en el estado del joven, se presentó en la casa de la familia una mujer mayor. Afirmó que la había enviado el cura párroco para ofrecer una alternativa poco ortodoxa en el tratamiento de la extraña afección. La madre le rogó que hablase sin demora y la mujer explicó la existencia de un curandero, un hombre de fe, en las afueras del poblado. Su nombre era Manasés y había ayudado a algunas personas en circunstancias parecidas. La mujer pidió ver al enfermo. Al entrar en la habitación, le besó la frente con cariño y dejó en su mano derecha la T de madera que él conservaría incondicionalmente.

El viejo Manasés, tan respetado como temido, recibió al muchacho con la familiaridad de los viejos amigos. Pidió a la familia que los dejasen solos y sirvió dos vasos de aguardiente.
—Brindemos por esos cabrones que tienen los días contados ¡Hasta el fondo!
El hombre apuró el vaso y al imitarlo, el joven tosió por el fuego que inundaba el esófago.
—Muy bien, así me gusta –dijo sonriendo el curandero- Ahora vamos a hablar de tus sueños.
Hermes sintió la emoción subiendo a toda prisa por la garganta y desbordando las barreras de su cuerpo. Ese hombre regordete, de manos callosas y nariz enrojecida se le antojó un faro en la tormenta que amenazaba destruirle.

Aprendió con él sobre la existencia de otro mundo, un universo oscuro y malévolo, que visitaba cada noche. Le explicó los conjuros que debía pronunciar cuando pisaba ese averno. Supo la manera de hacer un mínimo de luz para ver a las bestias y sobre todas las cosas el mandato que seguiría sin rechistar.
—Mi joven amigo, puedes pensar que estoy loco, borracho o ambas cosas a la vez. Mientras tu mente crea en la eficacia de mis métodos, lo mismo da la explicación que prefieras. Cada uno de los monstruos a los que te enfrentes en tus pesadillas no sobrevivirá si consigues escribir sobre él en tus cuadernos. Debes recordar lo vivido y cincelarlo en esas hojas de papel con tu caligrafía. Cuando termines un cuaderno vendrás a mi casa y lo quemarás de acuerdo a un ritual que aprenderás. De esa forma ésos ya no volverán a aparecer. Vendrán otros en su lugar, pero con suerte, algún día no quedará ninguno.

La casa de Manasés era ya una ruina olvidada, pero Hermes reconoció al bajarse del coche el olor del tabaco que fumaba el viejo. Acarició a Platón, el matusalénico gato que había sobrevivido a su dueño y comenzó el ritual.
Trazó un círculo en la tierra a su alrededor con una daga de mango negro y punta roma, el athame que había heredado de su mentor. Pidió la protección de los cuatro elementos y roció con un líquido ambarino el cuaderno que estaba en el centro del círculo. Pronunció la plegaria de rigor y con una cerilla inició el fuego. El humo giró enloquecido antes de subir a las alturas y el Destructor abrió los brazos para disfrutar otra victoria.


En la ciudad, los gritos agónicos de las bestias asediaron sin control los oídos de Diana, mezclados con el tañir de campanas.

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17 comentarios:

  1. Qué bien recreas la situación de espanto del pobre niño agobiado por las pesadillas, rezuma soledad y dolor. Y esa especie de paz al reconocer a alguien que, por fin, le entiende. Debe de ser terrible vivir en un mundo en el que la inseguridad te rodea porque nadie consigue verte cómo eres, porque sientes que no tienes a nadie a tu lado que te acepte. Entonces, aparece una persona que te reconoce, que te acepta, que te entiende (o al menos lo dice)... puede ocurrir cualquier cosa. Buena o no tan buena. Una historia estupenda, Lorena. Un abrazo.

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    1. Los adultos solemos estar tan ocupados en "lo importante" que no vemos aquellas cosas que realmente lo son. La mirada del que realmente te ve, salva una vida entera de penas. Gracias por el apoyo, Mayte. Un abrazo confianzudo

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  2. Me ha gustado mucho esta segunda entrega Lunática, ha cumplido mis expectativas con creces. Muy significativo que el protagonista se llame Hermes... Y en cuanto al anciano, me gusta el personaje, humanizarlo con esos vasos rotos en la cara que nos hace recordar al borrachín del pueblo... Manasés puede estar a la vuelta de la esquina y conocer el secreto de cómo vencer a tus demonios. Un placer leerlo y esperando ansiosa la siguiente entrega. ¡Abrazucu apretadín desde Villa de Rayuela!

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    1. Me gusta dejar pequeños detalles para que algunos lectores descubran otros significados. Sabía que el juego de nombres no se te escaparía. Un abrazo, hechicera

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  3. No sigas así Lorena que nos vas a quitar el trabajo a los creadores de sombras, ja, ja. Muy bueno. Espero la continuación. Promete muchísimo. Saludos.

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    1. Jajaja Imposible, mi querido Esteban. Las sombras son vuestro territorio, a mí se me dan mejor las pesadillas que vivimos con los ojos abiertos. Muy pronto otro capítulo. Un abrazo lunático y entretenido

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  4. Me gusta mucho esta aventura y que explores nuevas facetas. Encantada de leerte y espero que pronto siga la aventura. Abrazo volando a la luna.

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    1. Me estoy divirtiendo mucho, paseando por las oscuridades. Gracias por tus visitas, Olaya, es un gusto saber que hay lectores esperando. Abrazo confianzudo de vuelta

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  5. Diría, por ponerte un pero, que alguna palabra como hornalla no es muy del uso común. Por ponerte un pero. Lo he disfrutado, y espero más. MUY bueno.

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    1. Ni te imaginas la de traducción simultánea que hago del argentino al español!! Si sólo se me escapa una palabra me doy por agradecida ;) ¿Cuál es la palabra común para definir el lugar de calor creciente donde se pone a calentar una cafetera?

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    2. No creo que sea necesario el traducir, Luna. Después de todo, esas palabras son parte de tu estilo, las especias de tu guiso, y no impiden la comprensión del texto.

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  6. Cumplió las expectativas- FELICITACIONES "hornalla"

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  7. Manasés=Don Toldo- Abrazo gigante!!!!!!!!!!!!

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    1. Sabía que eras vos! jajaja Sí, el viejo Manasés tiene algo de ese curandero que en la adolescencia me salvó de convertirme en Quasimodo por las dichosas verrugas. Que Don Toldo tenga un sitio privilegiado en el paraíso que se merecía! Un abrazo, ma

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    2. Jajaja, te quiero mucho!!!!!!!!!!! Besotes

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  8. Lo has bordado, Lorena. Me ha parecido muy muy muy bueno este relato que desconozco si seguirá. Hay expresiones brillantísimas, muchas, que dotan al relato de una gran calidad. Y las piezas del puzzle, perfectas, para que la mente del lector las una. Qué más decirte. Que me ha encantado. Enhorabuena, amiga. Un abrazo.

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    1. Seguirá, José, seguirá. Si las musas no se vuelven locas quedan dos capítulos más. Gracias, amigo mío, por tan bellas palabras que no merezco. Saberte recorriendo mis historias es un gusto enorme que me regala la vida. Un abrazo desde esta Luna, que es menos gris cuando vienen los amigos.

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