miércoles, 19 de febrero de 2014

"Exorcismo de puño y letra" Cap 4




Algo no funcionaba bien. Repitió el conjuro de Manasés pero la oscuridad no cambió a su alrededor. Densa, pegajosa e inamovible, seguía rodeándolo. Podía escuchar a las criaturas acercándose, pero por primera vez en décadas no podía atisbar ni la punta de su propia nariz
— ¿Qué pasaría si los monstruos me atrapan en una pesadilla? ¿Me harían daño en la vida real?—había preguntado al viejo curandero en una de las educativas sesiones de conjuros y aguardiente.
—Para serte sincero, no lo sé. —había contestado el viejo desviando la mirada—Y mejor no averiguarlo, por si acaso.
Estaba muy cerca de resolver el misterio. Escuchó la algarabía de decenas de harpías gritando desde las alturas. Buscó a tientas la pared que había visto antes de que la luz huyese, pero no fue capaz de encontrarla. Rozaba espinas y líquidos viscosos. Un ser con escamas, frío y reptante rozó sus pies desnudos. Del sobresalto trastabilló y cayó de espaldas en un lodazal. La putrefacción hería sus fosas nasales como si el fango que lo rodeaba fuesen los restos de un enorme cadáver. A partir de ese momento todo fue confuso. Sentía el aliento de una boca que susurraba maldiciones en latín. Graznidos agudos y aire removido. Golpes en las costillas de los que intentaba cubrirse encogiendo las piernas. Y en la sinrazón de las tinieblas absolutas, un latigazo de dolor en el hombro izquierdo.

Se despertó llevándose la mano al brazo dolorido. Y entonces la sintió, pudo palparla subiendo cual hiedra por sus músculos para llegar hasta el corazón. Allí reinó durante unos segundos y se expandió como una lluvia de agujas por el resto del cuerpo. La Verdad tiene ese efecto sobre los hombres.
La mancha de sangre que se dibujaba ya en las sábanas daba fe de la terrible certeza. No eran desvaríos de un anciano, ni historias fantásticas. En sus sueños cruzaba hacia ese universo oscuro del que hablaba Manasés y lo que allí pasaba tenía su repercusión en este lado. Desde el principio había creído que los monstruos descritos desaparecían por la sugestión del ritual. Una técnica rudimentaria pero eficaz de controlar la mente y alejar la demencia.
Lavó la herida que apenas era una caricia de la garra que había provocado el corte. Un aviso. ¿Acaso estaban las fuerzas cambiando de bando? ¿Se hacía viejo y por ello más débil? Colocó un vendaje sobre el hombro y se vistió con esfuerzo. Las manos temblaban exageradamente y el estómago daba vueltas. Necesitaba aire.

Desanduvo las calles del pueblo, sin rumbo. Casi 30 años de su vida pasaban una y otra vez en su cabeza como la repetición de una película en blanco y negro. Cuando el primer rayo de sol le dio en plena cara se descubrió sentado en una escalinata. Observó a su alrededor y vio la puerta inconfundible. Le faltaban un par de cristales pero seguía siendo igual de bella. “Tantas vueltas da el hombre para llegar al principio” pensó mientras forzaba la entrada de la biblioteca.  Abandonada a su suerte, años atrás, al morirse la última de las damas benefactoras de la Asociación, aún conservaba la dignidad apolillada de las causas perdidas.
El olor había cambiado bastante gracias a una colonia de gatos que se refugiaba en su interior. Con la memoria grabada en las retinas recorrió los pasillos. Llegó hasta el rincón donde el maldito Lovecraft abrió la caja onírica de Pandora. ¿Por qué nadie lo había impedido? ¿Es que el único ignorante era él? ¿Y ahora? ¿Se acababa todo?
Allí quedaban algunos libros aún, únicos compañeros de una infancia gris. Sus amigos. Gritó con toda la fuerza de la que era capaz, cual Aureliano Buendía
— ¡Los amigos son unos hijos de puta!
Se derrumbó en la única silla que conservaba las cuatro patas, hundiendo la cabeza entre las rodillas. Lágrimas intermitentes dibujaban figuras sobre los zapatos. Presentía que Átropos preparaba sus tijeras. Y por eso no dudó sobre lo que debía hacer.

Diana estaba de espaldas a la puerta de la tienda, cuando el silencio le avisó antes que el carillón de su llegada.
—Hola ¿Me recuerdas?— dijo un Hermes de pelo revuelto y gafas torcidas.
“Si yo te contara” pensó ella, pero dijo
—Claro ¿Hermes, verdad? Estuviste aquí la semana pasada ¿Todo bien?
“Si yo te contara” pensó él, pero mintió
—Muy bien. Por eso quería agradecértelo invitándote a comer—dijo con las agallas de los desahuciados— ¿Te parece buena idea?
“La mejor idea que he escuchado desde los ochenta” pensó Diana
—Vale… ¿Por qué no?—contestó con las mejillas incendiadas— Salgo en media hora.
—Hasta luego, entonces— dijo triunfal el hombre que había crecido un palmo gracias a su enajenada valentía.

Si el final se acercaba, que fuese por todo lo alto.



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10 comentarios:

  1. La dignidad apolillada de las causas perdidas... me ha encantado eso. El paralelismo entre ambos en el diálogo les dibuja muy bien, y la cosa crece y promete. Muy ameno y un clima que golpeas las fosas nasales.

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    1. Sabes lo mucho que valoro tu opinión, José. Gracias por estar siempre dispuesto a aclarar dudas, asesorar y apoyar mis delirios neófitos. Un abrazo confianzudo, pequeño Larousse de las sombras ;)

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  2. Si de verdad se acerca el final tiene pinta de ser por todo lo alto. La historia sigue creciendo. Me gusta mucho Lorena. Las sombras que cubren tu luna son cada vez más espesas y profundas. Saludos.

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    1. Ojalá pueda dar un final acorde a esta historia, Esteban. Que por intentarlo no quede! Un abrazo, compañero

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  3. Me está gustando mucho y deseo conocer el final. Es fbulosa la implicación de los sueños en la realidad. Traspasando el umbral, me gusta.

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    1. Los sueños dicen tantas cosas, Olaya! Cuando dormimos nuestro cerebro despierta y a veces dice lo que no queremos oír. Un abrazo confianzudo para vos y este fin de semana cerramos la historia.

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  4. La trama de este relato me parece realmente intrigante y excitante. El diálogo final, ese que tiene lugar entre las palabras expresadas con sonidos y aquellas contenidas... wow! Genial, hace evidente una complicidad que tiene pinta de ir muuuucho más allá de la vigilia. En cuanto a la frase final, parece que la Lunática tiene una buena colección de "Frses Indies" ;-) Abrazucu ciber apretado desde Villa de Rayuela!

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    1. Este relato nació de pequeñas anécdotas. Conozco al niño que se refugiaba en una biblioteca, a la niña que oía voces, al curandero borrachín, a la tía esotérica y a los tímidos formales. Habrá que escribir un final, aunque cueste. Porque como dice nuestro querido Bartolomé "Hay personajes que no se conforman con sus 5 minutos de gloria". Un abrazo, hechicera

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  5. Hola, Lorena. Me conmueve saber que esta fantasía tiene un paralelismo en la realidad. A veces la realidad es tan perturbadora que hemos de darle una salida a través de las letras, para que no quede nada dentro. Para mí, la historia ha adquirido un tono nuevo en este capítulo, más trágico quizá, o será sólo el efecto que sugiere en mi imaginación. Sea como fuere, seguiré esperando el final merecido de ese personaje. Hasta entonces, un fuerte abrazo, amiga.

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  6. Los personajes, como las personas, tienen un final aunque pocas veces es el que merecen. En unas horas sabremos (y me incluyo) cuál es el que toca en esta historia. Un abrazo enorme, José, gracias por la paciencia.

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