sábado, 22 de febrero de 2014

"Exorcismo de puño y letra" Cap 5 Final



El camarero tomó el pedido a prisa para no molestarlos. Era tal la química entre los dos que tuvo que carraspear para que notaran su presencia. Hermes había elegido un restaurante pequeño, de los que tienen manteles de tela y espacio entre las mesas. La Casona de Tina. Menú diario con pocas opciones pero excelente calidad. La comida  hecha con mimo por Tina, una mujer que rondaba los 60 y cantaba mientras cocinaba.
Diana pidió un Cabernet Sauvignon para acompañar el solomillo relleno de granadas y a él le pareció gracioso pedir el “Arroz de la Muerte” con su particular cubierta de setas.
“Más vale que beba algo para frenar el acelere que llevo o voy a sufrir un esguince de mandíbula con tanto parloteo” pensó ella escuchándose hablar.
“No me extraña que domine a las bestias, estoy a sus pies en un rato que hemos hablado” rumió él, observando cómo la chica pillaba en el aire el pequeño florero que su gesticulación exagerada había tumbado por segunda vez.
—Tranquilo. Traigo dinero para pagarlo si lo rompo. Me hacen descuento en la sección Menaje del Ikea, por torpeza crónica.
La carcajada de Hermes Acevedo resonó en el salón. A ella se le hacía raro el silencio en su cabeza. Brindaron por la cocinera, los libros memorables, los encuentros espontáneos y la querida tía Carmen.
—Que su Oculta Civitatis sea tan mágica como ella la describe—deseó Diana emocionada— ¡Salud!
Hubo flan de chocolate y helado como postre. Café y confesiones después.
—Tengo que decirte algo y no encuentro la manera—dijo Hermes con la cabeza gacha, jugueteando nervioso con la cucharilla de café—Creerás que estoy loco…
Diana, con el arrojo suicida que da la certeza, tomó su barbilla delicadamente con la mano derecha. Le levantó con suavidad la cara y cuando él la miró a los ojos, dijo
—Habla, por favor. No me subestimes.
—Llevo casi 30 años soñando contigo…
“Los mismos que yo, esperando esta paz que me das” pensó ella mientras la mirada se tornaba acuosa.
—Ya estoy aquí—dijo con un hilo de voz— ¿Qué vas a hacer conmigo?
Hermes Acevedo, el niño que se refugiaba del mundo en una biblioteca, se bebió de un trago el chupito de vaya saber qué. Guardó las últimas gotas de la bebida bajo la lengua y besó sin prisa la boca de su divinidad egipcia.


Diana leyó con los dedos las marcas en las puertas de la casa de Hermes. Cada una de las piezas encajaba dentro de esa historia que la tenía como protagonista. Él se apoyó en el marco de la última puerta y cuando ella terminó su particular lectura juntó las palmas de sus manos a las de ella. Cerró los ojos y dejó que esas manos se acariciasen, se reconociesen, se amoldasen. Fuera, el primer trueno estremeció los cristales.
Se amaron de la forma habitual en los encuentros largamente deseados. Es decir, con torpeza, risas y falta de coordinación. El viento ululaba enloquecido y los truenos se repetían. En el segundo intento las cosas fueron mejorando y consiguieron vencer la resistencia de la física. Ubicarse en el punto exacto donde la mente suelta el control. Y fue allí donde surgió lo imposible. La oscuridad los envolvió de golpe y él comprendió.

— ¡Hermes!—gritó ella, aturdida por los aullidos que volvían a su cabeza— ¡¿Qué pasa?!
Se tapó los oídos, más aterrorizada que nunca. Era como si las voces atacasen ahora el resto de los sentidos.
—Son las bestias—dijo él, pronunciando el conjuro que hizo una tímida luz— Créeme, Bastet ¡No eres su esclava! ¡Eres su reina!
El aire fétido y caliente se agitaba sobre ellos y los gritos estaban cada vez más cerca. Diana Salvatierra, la niña que escuchaba el inframundo, abrió los ojos y pudo poner cara a sus monstruos. Supo, como sólo puede saberse al filo del abismo, que no existía otra opción que enfrentarlos.
Se puso de pie, levantando en sus hombros el peso de los prejuicios, la soledad y el abandono. Miró hacia la negrura y recordó cada una de las noches interminables de llanto. Soltó, sin atisbo de culpa, toda la furia de la que se creía capaz en un grito ancestral y profundo.
La luz, que lo inundó todo, cegó a Hermes. Su sueño premonitorio al fin se hacía realidad. El bestiario al completo retrocedía. Pudo vislumbrar detrás de Diana, una puerta en el muro de piedra. Corrió hacia allí arrastrando por el brazo a su diosa, que en pleno trance no opuso resistencia. Tras la puerta había un pasillo estrecho, que Hermes reconoció. El mismo pasillo por el que había entrado en aquel infierno la primera noche. Intentó cerrar la puerta con todas sus fuerzas, pero apenas si lograba moverla.
—Bastet, por favor, tienes que ayudarme—dijo sacudiéndola por los hombros — ¡Es la única manera de salvarnos!
Diana pestañeó varias veces y giró la cabeza. Entendió escasamente lo que le decía pero empujó la pesada puerta, que entre los dos consiguieron cerrar.


En la galería de la residencia la anciana frenó en seco la mecedora. La enfermera intentó convencerla que debía entrar, que se acercaba una fuerte tormenta.
—Carmen, por favor. ¿No escucha los truenos?
—Sólo un momento más. —respondió la mujer, soltando luego una risa escalofriante— La puerta se ha cerrado…La puerta se ha cerrado.
La enfermera dejó a la anciana para el final y consiguió que dos residentes más entrasen. Al verse sola, la mujer pudo hablar tranquila.
— ¡Ah, mi querido Leviatán, por fin has aprendido! Siglos te ha llevado perfeccionarte. A la Magdalena le faltó inocencia, pero esta vez elegiste una candidata perfecta. Sólo el amor es capaz de desarmar a tus enemigos…Espero que recuerdes los años de servicio que te ha brindado una servidora y guardes un sitio especial para mí en el infierno que acabas de salvar.


La luna ilumina a los amantes, que duermen abrazados el plácido sueño de la victoria. Una sirena se escucha a lo lejos. El único rayo que ha caído en esta extraña tormenta sin lluvia, ha quemado hasta los cimientos de la biblioteca abandonada.



                                                             FIN

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12 comentarios:

  1. Los caminos del Mal son, sin duda, enrevesados. Magnífica forma de cuadrar las piezas, Luna. Esta noche no pasará sin sueños extraños, seguro.

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    1. Cuando tienes cariño por unos personajes cuesta dejarlos partir, al igual que a las personas en la vida real. Experiencia movilizadora esta de transitar los caminos oscuros. Y sí, fue noche-madrugada de sueños raros. Un abrazo sumamente agradecido, Bartolomé

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  2. Un muy buen final. FELICIDADES!!!!!!!!!!!

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    1. Me alegro que disfrutaras esta historia. Un abrazo confianzudo

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  3. Enhorabuena Lunática, una historia como esta, y además por capítulos es divicil de cerrera y tú has conseguido hacerlo con habilidad y estilo. Abrazuco de los de mi Villa.

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    1. Gracias, hechicera! Ha costado lo suyo, pero ha valido la pena. Un abrazo confianzudo y lunático para vos

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  4. Llego algo tarde, pero ha valido la pena. Una historia magnífica, de las de releer para no perderse nada. Porque tiene tantas cosas y tantos guiños que casi es pecado perderse uno. Si no te importa, la copiaré entera para poder releerla, tranquilamente,disfrutándola como se merece. Por cierto, la imagen del rayo, el único rayo, destruyendo los cimientos de la biblioteca... sencillamente perfecta. :) Me ha encantado esta historia, Lorena. No me extraña que te encariñaras con los personajes. Un abrazo y gracias por regalárnosla :)

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    1. Un gran final para un gran relato. Magnífico tu deambular por las sombras Lorena. Saludos.

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    2. Nunca es tarde...menos para las visitas tan queridas. Un lagrimón que otro rodó al escribir el final de esa bella biblioteca, y de la historia en general. Un abrazo lleno de agradecimiento, Mayte

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    3. Mi querido Esteban, recibir una buena crítica de ti es motivo de orgullo. Gracias por acompañar este deambular, de verdad. Un abrazo lunático para vos

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  5. La escena de la anciana Carmen, hablando a Leviatán, haciendo referencia a Magdalena, a la inocencia, al poder del amor frente a los demonios, crea todo un sutil aire de misterio y es al mismo tiempo un guiño a la inacabada reflexión que se pasea enigmática por toda la historia. Magnífico final, Lorena. Magnífica historia. Un abrazo.

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  6. Si el autor de textos tan buenos como "Insomnio" o "Noche de fiesta" habla así de una historia mía, la emoción me recorre como un escalofrío la espalda ¿Y si el Mal hubiese descubierto la manera en que el amor distrae a los guerreros del bando contrario y lo usase como arma?¿Cuántos caeríamos dichosos en esa trampa sutil? Un abrazo muy muy fuerte, José

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