sábado, 8 de marzo de 2014

Expectativas (de Mayte Ireth)

Cuando leo a Mayte Ireth, siento que una parte de mi vida habla a través de sus palabras. Es difícil, por no decir imposible, no identificarse con las vivencias que explica esta escritora en su historias. Si las mujeres venimos de Venus, Mayte domina el "venusino". Gracias, amiga mía, por emocionarme hasta las lágrimas tantas veces.


Expectativas (por Mayte Ireth)




Se incorporó lentamente. Sentada al borde del sofá, prendió un cigarrillo con la lumbre de una vela casi consumida que titilaba entre platos con restos de cena y copas a medio vaciar. Apuró la suya de un trago. Ya en pie, se dirigió hacia la ventana sin hacer ruido. La luna, rota por nubes desgarradas, inundaba el salón. Una luz en el edificio de enfrente le recordó que estaba desnuda; se cubrió con la cortina mientras seguía mirando la blancura con la que la luna, impúdica, invadía la noche.

Las tres de la madrugada. O de la noche. Daba igual. Las tres y no podía dormir. La pantalla aún seguía encendida, surcada de temblorosas rayas grises que hablaban de un final que, ocupados en otras cosas, no habían llegado siquiera a intuir. Intentó recordar qué película habían visto. No pudo. Tampoco importaba. Sí recordaba sus ojos, expresivos, inteligentes, alegres. Y su voz, profunda sin ser grave, y la conversación: el valor de las cosas, del tiempo, de la vida. Mejor dicho, los distintos valores según de dónde vinieras.

Ella le escuchaba, atenta, bebiendo de sus experiencias, plasmadas en un libro de fotos que hojeaban con cuidado. Él sentía su admiración y le agradecía con cada golpe de voz, el interés que ella, con la mirada y el gesto, le regalaba. Dejaron de lado el libro y pusieron la película con la intención de verla mientras cenaban. My blueberry nights, sí, ahora se acordaba. Ella, como la protagonista, también intentaba saber quién era tras la ruptura, no hacía tanto. Tiempos tristes que intentaba dejar atrás. Una historia como tantas. Hundida en la rutina no supo ver que el amor había muerto. Sin discusiones ni tensiones, era fácil dejarse llevar por la inercia de la costumbre. La pasión, poco a poco, se diluyó en el aburrimiento de una convivencia gastada, hasta que una chispa insignificante hizo saltar todo por los aires. Una chispa que prendió el fuego del despecho y la venganza; una chispa que iluminó lo peor de alguien a quién creía íntegro; una chispa que la dejó con quemaduras que, aunque curaron, dejaron marcas. Al principio dudó si había acertado al dejarle; después, se sorprendió de no haberlo hecho antes; ahora, intenta olvidar en los brazos de otros hombres.

Y allí estaba, con un hombre nuevo, diferente, encantador. No hicieron caso de la película, que quedó como murmullo de fondo. Él siguió contando y ella no dejó de escucharle mientras la cena avanzaba lentamente. Ante sus ojos recreaba las escenas que, a lo largo de los años, había visto a través del objetivo. La alegría, la miseria, ambas de la mano. Rellenaba su copa aun cuando no estuviera vacía. Bebía de la suya, mientras las palabras empezaban a perderse enredadas en efluvios alcohólicos dentro de su cabeza. Y siguió contando de la mirada de los niños con un Kalashnikov en las manos, de la ilusión de quienes por primera vez ven una muñeca, de los ojos hueros de las mujeres violadas, de la esperanza de la música que surge de la nada, del vacío de las madres que entierran sus hijos, de la fuerza del consuelo de misioneros o cooperantes.

Las tres y cuarto. Miró hacia el sofá en el que el hombre, ajeno a sus movimientos, dormía profundamente. Volvió a él, apagó el cigarro y sin que el más leve rumor delatara su cercanía, recorrió su espalda con la yema de los dedos en una caricia lenta, sutil y dulce, deslizando suavemente sus pechos sobre él hasta llegar a su oído y susurrarle palabras de las que sólo era perceptible el roce del golpe de aliento en la piel que terminó en un beso, casi invisible, en su cuello laxo. Un movimiento inconsciente, como de cansancio, fue la única reacción.

Habían seguido con el vino y parecía que había pasado una eternidad desde la primera caricia, tímida, en la mano, y él, cómodo, seguía contando, cada vez más lento, mientras se dejaba acariciar. No era lo que había imaginado, pero al menos se dejaba querer y recibía lo que ella le daba apreciándolo como el regalo que era. Respondió a sus labios con el silencio de su lengua y a sus manos con la presión de sus brazos. Pero no eran esos los besos que esperaba ni su piel respondía como ella deseaba. Quizá fue el alcohol, quizá la impaciencia, pero todo fue tan rápido. Tierno, dulce, pero pasó sin sentir. La abrazó, intentando acogerla, y acunado en el olor de su pelo, se durmió. Ella quiso que fuera suficiente, quiso dormirse a su lado, quiso creer que eso era lo que había soñado.

Las tres y media. Un solitario motor rompió el silencio de la noche. Ella se apartó. Su piel se consumía añorando las horas de pasión que le faltaron; echó de menos caricias, besos, palabras de amor, aun sabiendo que hubieran tenido fecha de caducidad para aquella misma noche.

Deambuló sigilosa por el salón, perdida en un espacio tan frío y vacío como su ánimo. Buscó en el revoltijo de ropas enredadas que yacían en el suelo y se vistió con la misma calma con la que se había movido hasta ese instante, envuelta en el mismo silencio que lo invadía todo y del que ella parecía un elemento más. Se ajustó el cinturón del abrigo y buscó un papel para dejar una nota. No lo encontró. Sacó el teléfono del bolso y, con breves y concisos movimientos, puso en un escueto mensaje un adiós escondido entre agradecimientos.


Cerró la puerta tras de sí mientras, en un extremo de la mesa, junto a las copas vacías, una pequeña luz intermitente hablaba de un mensaje no leído.

Contado a mi manera (batallando contra el viento)


Visita a Mayte en su espacio abierto y no te arrepentirás
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10 comentarios:

  1. Joooo, no sé ni cómo darte las gracias, Lorena. Qué bonito te ha quedado. Estoy tan emocionada que ni palabras tengo. Mil gracias y un abrazo enorme.

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    1. La agradecida soy yo por poder contar esta historia. Gracias por dejar tu huella en mi Luna. Sabes que como aquí no hay viento, quedará por mucho tiempo. Un abrazo lleno de cariño, amiga mía

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  2. Eso si que es una narración contra viento y marea Lunática! Una narración fabulosa para un maravilloso relato que emociona al leerlo y escucharlo. Enhorabuena a las dos.

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    1. Coincido en que el relato de Mayte es emocionante como pocos. Tomaré tu comentario para promocionar el vídeo, me ha encantado. Un abrazo, hechicera

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  3. Muy bueno, el relato y el concepto. No hay que albergar "expectativas" de nada ni de nadie en este mundo. Todo sucede cuando menos lo esperamos. Éxitos!!!!!!!!!

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    1. Cuando menos lo esperamos la realidad nos despierta para que sigamos así más tiempo. Mayte sabe describir esa realidad de una manera excepcional. Un abrazo confianzudo

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    2. Gracias, Tomás: me alegro de que te haya gustado la historia, que gana muchísimo con la narración de Lorena. :)

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  4. Qué buen relato, Mayte, qué bien lo cuentas, Lorena. Una gozada. Un abrazo para las dos.

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    1. Gracias por la parte que me toca y pienso como tú que el relato es excelente. Un honor tenerte en este satélite virtual, Alfredo. Un abrazo bien fuerte para ti.

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    2. Gracias, Alfredo, por la parte que me toca a mí. No había entrado a leer los comentarios antes. Es todo un lujo tu opinión. Un abrazo.

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