jueves, 22 de mayo de 2014

Epifanía


El viento frío le despeina el pelo y las ideas consiguiendo que se detenga en medio de la acera. Ella deja en el suelo la bolsa del supermercado y se frota la mano marcada por el exceso de peso. Y ocurre.
Un golpe seco en el centro del pecho, un escalofrío que recorre la espalda, el estómago deshaciéndose en alas agitadas. La tibieza, recorriendo todo el cuerpo y los latidos repicando como las campanas del Ángelus.

Un segundo, dos, cinco y la belleza se esfuma. Con los ojos empañados de emoción acaricia su pecho. Quizás allí dentro el corazón dormido sueña, o tal vez son sus estertores  negándose a morir.  

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2 comentarios:

  1. Me ha encantado el comienzo; luego la frase cortante, acechando la presa que pasará por delante. Esta no se hace esperar: surge el golpe seco, el escalofrío, algo que escapa hacia el espacio difuso e incontenible y, en poco tiempo, nos deja con la incógnita y la imaginación agitada. Una técnica depurada.
    Un abrazo.

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  2. Tus ojos que leen-miran con cariño, mi querido José. Gracias por formar una parte importante de esta luna. Un abrazo

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