lunes, 22 de diciembre de 2014

Las antípodas del Congreso

"Ocurra lo que ocurra, morirán luchando. 
Y eso es a veces el único consuelo que un hombre puede permitirse."
                                         José Martín Bartolomé



Chasquea la lengua para cerrar el suspiro profundo mientras acomoda los paquetes de arroz en el armario de la cocina. Ella duerme, por fin, después de una larga noche de dolor. La medicación ya no hace efecto y la fecha de cirugía se retrasa gracias a los recortes. Los niños han marchado al Colegio dejando una estela de cepillos, pantuflas y galletas a medio comer. “Estudiar es procurarse un buen futuro” les miente a sabiendas más de una vez. Como mucho será un futuro muy lejos de casa.
Controla la fecha de caducidad en cada envase para evitar problemas y coloca las más cercanas en el frente. En el Banco de alimentos lo repiten hasta el cansancio. Los voluntarios que despachan los lotes son buena gente. Él lo intuye por la incomodidad que se respira en el ambiente el día de reparto. No saben qué decir, ni cómo alentar a la fila de “beneficiarios” que abarrotan la sala. Cada mes son más por lo que las cajas adelgazan. Nadie mira a los ojos en la fila porque son vecinos y el orgullo aún persiste, agonizante, entre ellos. Y en esta última hoja del calendario todo parece más complicado. “Puto Diciembre” piensa.
En el comedor un vinilo comienza sus giros de belleza. Frank Sinatra detiene las motas de polvo en el aire de la mañana. Ella aparece en la puerta de la cocina con el pelo revuelto y su pijama de corazones. Sin decir nada coloca la mano de él en su cintura y apoya la cabeza en su pecho. Bailan despacio entre macarrones, latas de tomate y miedos inconfesables.

En las antípodas del Congreso la guerra continúa.


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