lunes, 27 de julio de 2015

El hojalatero



Sus manos me rozan con el mismo temblor que las de su padre diez años atrás, una mezcla intensa de amor y tristeza que altera cada molécula de mi esencia. El sendero serpenteante se abre paso entre los árboles hasta llegar al claro, el lugar exacto donde hace poco más de una década despidieron a su madre.

Recuerdo la mirada perdida de su padre que me apretaba contra su pecho como si fuese un escudo, una armadura capaz de defenderlo. Como si un objeto pudiese cubrir el abismo que se abre cuando falta alguien imprescindible.

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