viernes, 24 de febrero de 2017

Capítulo 1 : «Proyecto Marte» de L J Salart

La entrada de hoy es más que especial. Por abril del 2014 el blog comenzaba su camino y 
encontraba tesoros en las encrucijadas de las benditas redes. Uno de ellos fue el blog de L J Salart.
Sus «Cuentos crecientes» habían captado mi atención y el nacimiento de su «Proyecto Marte»
me tenía intrigada. Una mañana en que Ana, mi hija, ilustradora y compañera de aventura estaba enferma en casa le recomendé bucear en el planeta rojo de LJ. 

Cuando volví de trabajar la encontré emocionada y verborrágica. Me explicaba de bioimplantes, terraformación de Marte, Usha Leber, argumentos sólidos que van tomando sentido cuando avanza la historia en forma de puzzle temporal, etc.
No dudé en escribir al autor y contarle ese feedback. 
La otra parte de una buena historia es siempre el lector y la emoción de Ana 
llegó en el momento justo en que el hacker del tiempo necesitaba un empujoncito.

Es por lo tanto un gran placer que nuestra Luna se cubra de rojo marciano. Les dejamos, como es costumbre, los tres formatos: vídeo, podcast y transcripción literal. 
Al final de esta última están los enlaces al libro y al blog de este autor.












—Bueno Usha, cuéntanos, ¿estás lista para ser la primera humana en respirar el aire de Marte sin escafandra o protección alguna?
—Sí. Es un gran honor haber sido elegida por la Coordinación General del Proyecto Marte para este momento. Estoy lista, preparada y muy ilusionada.
Han transformado mi pequeño dormitorio en un improvisado plató de holovisión. Sentada en mi cama respondo a las preguntas que, en teoría, me formula alguien desde la Tierra. En realidad, las enuncia uno de los técnicos que ha llegado para cubrir el evento. Luego lo editarán y harán ver que la entrevista es en directo, pocos momentos antes de salir al exterior. El retraso en las transmisiones entre la Tierra y Marte es alto y perdería espontaneidad una charla en directo, dicen.
—¿En quién pensarás cuando salgas al exterior?
—En todos los hombres y las mujeres que han dado su vida por este momento, en los fundadores de la Unión y en todos aquellos que han soñado un Marte terraformado y no han podido verlo… Y en mi madre, que ya no está,… y en papá.
He improvisado el final. Hablar de papá y mamá no estaba en el guion que me hizo llegar el coordinador general para mis respuestas. Pero no he podido evitarlo, echo de menos a mamá, aunque casi no la recuerdo… Y papá, papá está enfadado.
—Hoy todos los habitantes de la Tierra, la estación Universal en la Luna y los módulos marcianos estarán pendientes de ti, ¿no estás nerviosa?
—Bueno, un poco, espero no tropezar y caerme.
Dicen que es bueno acabar con una broma final, la gente se reirá y me adorará aún más si muestro fragilidad.
—Seguro que lo harás muy bien. Habitantes todos de la Unión Terrestre, hoy, la joven Usha Leber, esta deliciosa chica nacida en la colonia sur marciana, será la primera humana en respirar el aire de Marte terraformado. Hoy, que celebramos que el contador ha llegado al 100%, el sueño de terraformar Marte está completado.
Suerte, Usha.
—Gracias.
El coordinador general me eligió para ser la primera humana en respirar el aire de Marte terraformado por tener un aspecto saludable. Dice que parece que no noto los efectos de la poca gravedad marciana en mi cuerpo y que mis músculos no blandean. Le sorprende que no se note el enclaustramiento en los módulos en el tono bronceado de mi piel. Lo que no sabe el coordinador general, en su despacho de la Torre de Marfil en la Tierra, es que mi buen semblante se debe a que llevo correteando por el exterior de Marte, y respirando su aire, desde que aprendí a andar.


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—Debes estar perfecta, toda la humanidad estará pendiente de ti.
El coordinador general ha supervisado mi salida al exterior sin traje protector varias veces antes del gran día. Ayer grabamos una salida en algo llamado falso directo, por si hoy una tormenta solar imposibilita la transmisión. Abriré la compuerta exterior del módulo 001, andaré con leve miedo, saldré al exterior, inspiraré hasta llenarme los pulmones de aire marciano, contendré la respiración durante tres segundos y exhalaré con una sonrisa Si puedo debo llorar de felicidad. Qué difícil es llorar sin motivo.
—Alarga un poco más el momento de la inspiración, haz que los espectadores adviertan cierto apremio. Sentiremos que respiramos contigo, notaremos el aire de Marte en nuestros pulmones.
Desde la Tierra han mandado a un gran equipo técnico para preparar mi salida al exterior. La convivencia en los módulos está siendo más ajetreada de lo normal, con cables, cajas y máquinas por todos lados, y desconocidos con prisas corriendo arriba y abajo.
Además, han llegado dos asesores artísticos para el momento. Son muy divertidos. Alcay pasó sus primeras horas en Marte dando botes en el exterior, entusiasmado con lo alto que saltaba por la poca gravedad del planeta. Rics lo desaprobaba, pero se reía.
Rics ha marcado mis pasos y gestos, y me ha enseñado las expresiones faciales adecuadas para cada momento. No ha conseguido que llore, pobre, eso lo ha hecho llorar a él. Alcay ha preparado el uniforme que debo enfundarme, dice que no debe parecer muy nuevo, «nos restaría credibilidad», ni muy usado, «pareceríamos desaliñados y pobres».
Estrenarán un nuevo tipo de holocámaras conmigo, de lente ocular, que logrará que la experiencia sea más real, los espectadores verán lo que vean mis ojos. Estas cámaras se unen a todas las que llenan el interior y exterior del módulo 001, escondidas para que mis lentes no las capten en mi recorrido y «el momento no pierda magia». Es todo tan emocionante, quedan pocos minutos y están acabando de prepararme. Alcay me ha maquillado para potenciar la salud en mis mejillas:
—Creo que te haré una coleta. Así el aire de Marte la hará revolotear, y daremos movimiento a la escena, pero sin que los cabellos tapen tu preciosa cara.
Pero no está papá. Lleva refunfuñando desde que el equipo técnico llegó de la Tierra. Debería estar contento, ha acabado la terraformación de Marte. Es su sueño hecho realidad, el de mamá, el de la tía Mala, el de todos los humanos desde hace milenios. Debería estar contento, pero se enfada por todo. No le gusta que yo haya sido la elegida. A mí me hace ilusión y debería alegrarse. Seré la primera, seré un icono, seré alguien, seré recordada.

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A la señal salgo de mi dormitorio, aquí me espera la primera holocámara, viéndome cerrar con duda y miedo la puerta de mi cabina. Ando sin prisa por el corredor principal hasta la escotilla exterior, la antecámara de presurización ya está abierta –el coordinador general opinaba que abrir dos compuertas era repetitivo–. En mi desfile, mis compañeros de la colonia me observan con cara ensayada de orgullo y cierta preocupación.
Al llegar a la compuerta exterior sitúo mis manos sobre la manivela circular de la escotilla –el coordinador pensaba que era mejor abrir la puerta de forma manual que no con un botón hidráulico, teníamos que dar tensión dramática al momento–. Espero mostrando inquietud y duda, miro al suelo. Siento las esquiarlas de óxido de la empuñadora en la yema de mis dedos, me arañan cuando la giro.
Levanto la cara al oír el silbido de la despresurización. El aire sin filtrar está entrando en el módulo. No hay marcha atrás. Miro al frente con fuerza y determinación, apretando la mandíbula. Contengo la respiración, empujo la puerta, me clavo una de las astillas metálicas en los dedos, no dejo que el dolor se note en mi rostro.
Espero un segundo y doy un par de pasos hacia el exterior, me paro junto al canto rodado que marca el lugar del encuadre perfecto. Miro al horizonte y exhalo. Entorno un poco los ojos ante los primeros rayos de sol que veo, en teoría, de forma directa en mi vida. Pero no los cierro mucho, para no perder campo de visión en las cámaras oculares, y porque me salen algunas arrugas en los contornos de los ojos que no gustan al coordinador general.
Ha llegado el momento, inspiro hondo, guardo el aire en mis pulmones: uno, dos, tres, cuatro segundos, y lo libero. Levanto la mirada, abro mis brazos y ando varios pasos, sonriendo, hasta el segundo canto rodado.
Detrás de mí, salen en tropel los niños de la colonia gritando y riendo. Me volteo para mirarlos y la cámara se centra en ellos. Asciende hasta mostrar una panorámica del módulo 001, del exterior de Marte, de la tierra rojiza salpicada de plantas, flores y animales asilvestrados. Tras los niños salen los mayores, sin prisas, parejas cogidas de la mano, abrazadas…
Una lágrima deslizándose por mi mejilla me sitúa, de nuevo, en el centro de la retransmisión. Pienso en mamá, estaría contenta. Pienso en papá, le he fallado, me odia. La lágrima no es de felicidad, es de tristeza.

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«Ha sido el mayor éxito audiovisual de toda la historia.» Los técnicos me han felicitado: «eres el sueño de la gran Lila Ricardo». La colonia entera me ha agasajado. Me sonrojo. Han acudido todos, menos papá.
En la holovisión repiten una y otra vez mi salida, mientras personas que desconozco la comentan. Soy «la heroína de nuestros tiempos». Me he encerrado en mi cabina a llorar, debería atender más llamadas de la Tierra, responder a entrevistas, pero no puedo. Me preguntan siempre lo mismo: qué he sentido, si tenía miedo, si tengo novio.
Espero que papá entre por la puerta, pero es Milo:
—Papá no te odia, ¿cómo va a odiar a su niña? No está enfadada contigo, sino con todo lo que se ha montado, con las formas de la Coordinación General. Le preocupa nuestro futuro. Te ha visto y está muy orgulloso. Estaba conmigo, ha llorado. Pero ya sabes que a veces gasta ese extraño orgullo terrícola. No se lo tengas en cuenta.

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—La Tierra te adora, dulce Usha. Tienes que venir.
Respondo la llamada del coordinador general pero estoy muy cansada. Quiero ir a dormir, el día ha sido demasiado largo. Tendría que haber escuchado a papá y haber renunciado a ser la elegida. El coordinador insiste en que la Unión Terrestre me necesita, tenemos que aprovechar mi popularidad para alargar un poco más el hito de la terraformación con una gira. Deberé marcharme con el equipo técnico cuando regresen a la Tierra. No quiero ir, papá no querrá que vaya.
—Querida Usha, comprende que ahora que la terraformación ha concluido no tiene sentido mantener en Marte un destacamento científico. No querrás que despidamos a tu padre y a su equipo y que tengan que volver todos a la Tierra.

Papá o yo, mi familia o yo, toda la colonia o yo. No hay otra elección posible. Me promete que estaré de vuelta antes de un año. Debo atender a la responsabilidad de ser Usha Leber, la primera humana en respirar el aire de Marte, de forma oficial.



 Espero que hayas disfrutado de este autor.
En este enlace encontrarás su libro en amazon, lektu 
su blog para seguir conociéndolo.
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