domingo, 18 de junio de 2017

Aire

La brisa le desordenó el flequillo y le recordó aquella tarde de su infancia. Su abuelo le había explicado la mejor historia de su vida mientras le secaba con su pañuelo de tela los lagrimones. La niñez de los diferentes es bastante complicada.
—El aire es el mismo desde el principio de los tiempos, no se renueva. Cada ser que ha vivido en este mundo lo ha respirado dejando una parte de su esencia en él —había dicho con esas maneras de hippie que ella adoraba—. Si respiras te conectas con los animales, los niños y los escritores de todos los cuentos que se han escrito. La soledad no existe, mi cielo.
Miró hacia atrás para comprobar que el resto de sus acompañantes había llegado al mirador. ¡Qué bien conjuntaban los ojos brillosos con las sonrisas! La tristeza puede regalarnos abrazos inolvidables como el que dio a la urna antes de abrirla. Su madre asintió en silencio y ella ofreció lo que quedaba de su abuelo al viento.

Como si dos grandes amigos se vieran nuevamente las cenizas bailaron un momento hasta fundirse en la nada. Otro habitante del aire desterrando soledades.


Este relato fue escrito para participar en el concurso #palabrasalviento de zendalibros.com

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